Capitulo 5
Hospital “Nuestra Sra. De los Lamentos”
Richmond, Virginia
10 de Enero
Hospital “Nuestra Sra. De los Lamentos”
Richmond, Virginia
10 de Enero
Dana Scully, con su bata blanca sobre la blusa y falda marrón, entró a la habitación de su joven paciente, Christian Fearon, quien estaba sentado sobre su cama del hospital. El frágil niño, miraba por la ventana la mañana de invierno.
“Hola, Christian”, dijo Scully, parándose a un lado de la cama. “Despertaste temprano hoy día”
El pálido muchacho en sus pijamas de elefantes y nubes se acomodo. “Solo pensaba”
“¿En serio? ¿Y en que pensabas?”
“Sobre como saldré de aquí”
Su determinación, su coraje, sacaron una sonrisa de ella. “Sabes”, dijo, “He estado pensando lo mismo”
El asintió. Sus ojos no eran los de un niño. Un alma vieja, hubiera dicho Mulder.
“Entonces”, dijo Christian, y ahora un temor se presentaba en la voz del muchacho. “¿Podré salir de aquí pronto?”
No había solo determinación y coraje, también había miedo.
“¿Algo te ha asustado?”
Una vez más, asintió. “La manera en la que el hombre me...me estaba mirando”
Ella se movió para tomar su expediente, pero solo encontró un espacio vacío. Sintió su corazón en el estómago “¿Qué hombre?
Los ojos del niño se lo dijeron, y ella volteó para ver la casi espectral figura del padre Ybarra, que estaba en el pasillo, mirando el expediente que ella buscaba.
Ella le dio una reconfortante sonrisa a su joven paciente, y poniendo una mano sobre su brazo, le dijo, “No tienes de que tener miedo, Christian.” Luego salió a darle el alcance al administrador.
Scully señalo el expediente que el Padre tenía en las manos. Sonrió pero su voz era áspera. “Estaba buscándolo.”
La cara oval era acompañada con una mirada sin esperanza, “Buenos Días, Dra. Scully. Quería echar un vistazo al expediente por mi mismo…y por supuesto, de los resultados de los nuevos exámenes que ordenó”
Ella se sintió más segura de si misma. La suposición del administrador estaba por encima de todos los límites de profesionalismo.
Fríamente cortes, dijo, “Esa no es realmente su labor, Padre. Es de su medico. Quien soy yo”
La línea que se formo sobre su rostro, pudo técnicamente, ser una sonrisa, pero Scully sabía que no había nada de amistad o apoyo en ella. “Es mi labor, Dra. Scully, asegurarme de que todos mis doctores estén tomando las decisiones correctas—por sus pacientes, y mi hospital”
Ella extendió una mano. “¿Podría ver los resultados, por favor?”
El se detuvo, y luego le entregó el expediente. Cuando habló, algo genuinamente apenado salió, su preocupación, su tono, casi como un padre. “Estamos aquí para curar enfermedades, Dra. Scully, no para prolongar, la de por sí difícil, llegada de la muerte. Ciertamente, no añadiendo el sufrimiento de un niño. Nosotros hemos hecho todo lo posible, pero hay otras instituciones, con mejores instalaciones, donde se puede aguardar el fin”.
La palabra ‘fin’ tuvo un escalofriante sonido para ella, pero tampoco podía argumentar la posición del sacerdote. No lógicamente.
Así que asintió y dijo, suavemente. “Lo comprendo”. Dio media vuelta, y empezó a caminar, sintiendo los ojos del padre sobre su espalda.
Ella caminaba rápido, haciendo su mejor esfuerzo para no tropezar con nadie, doctores, enfermeras, monjas, pacientes, tratando de no llamar la atención de nadie a pesar de las lágrimas en sus ojos y la energía que emergía de ella.
Su oficina era pequeña, oscura, un espacio privado donde se sentó en el escritorio, prendió la lámpara y trató de leer el expediente que le había quitado al Padre Ybarra. Pero las lágrimas en sus ojos no la dejaban mirar. Cuando empezaron a fluir, no pudo más que dejarlas, su respiración era más fuerte, y peleaba contra los tristes sollozos que querían apoderarse de ella.
Sus dedos fueron a coger uno de los pañuelos de la caja sobre su escritorio, pero la encontraron vacía. Ella tomo el portafolios del suelo, y empezó a buscar uno en él sacando varios fólderes que se interponían en su camino y que iba poniendo sobre el escritorio. Finalmente encontró uno, seco sus ojos, limpió su nariz, y se tranquilizo.
Respirando de manera regular, y comportándose como la profesional que era, Scully miro en el escritorio en busca del expediente, pero estaba debajo del que Mulder le había dado del FBI. Ese era uno de los fólderes que había sacado del portafolios.
Ahora se encontró a si misma mirando la familiar designación del FBI. Ella tomó el expediente, solo para moverlo…
…y luego lo abrió, y empezó a leerlo, a mirarlos y a pensar.






0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada