13 de diciembre de 2008

I Want To Believe: El libro - Parte XIII

Nuestra Señora de los Lamentos
Richmond, Virginia
11 de enero

Batas blancas se sentaron alrededor de la mesa de conferencia junto con los trajes y corbatas de los administradores del hospital. La atmósfera era empresarial. Podían estar discutiendo las nuevas políticas del hospital, o tal vez si era mejor remodelar la cafetería o expandir el horario de vistas, o tal vez donde dirigir una nueva donación.

Pero esta era una discusión completamente distinta, a la que Dana Scully, colocándose su bata sobre la blusa y falda, recién había llegado, durante una oración.

El Padre Ybarra decía, “…puede solucionarse, ¿Entonces de buena conciencia y sin ninguna objeción, se decide reubicar al paciente a una facilidad donde pueda ser atendido de manera adecuada a su condición?”

Tomando un momento para recomponerse, y buscando un sitio vació, habló. “Lo siento”

La cara esquelética de Ybarra miró a Scully mientras esta se sentaba. “Como usted y yo discutimos, Dra. Scully, informaba informando al resto del equipo y doctores la decisión sobre Christian Fearon”

Ella lo miró, tratando de adivinar que decía. “¿Qué decisión?”

Impaciencia se volvió petulancia. “Remover a su paciente a un hospital que pueda manejar su delicada condición…”

Ella le medio sonrió, su incredibilidad ante su presuntuoso comportamiento fue notado por toda la habitación, incluido por supuesto Ybarra. “Esa fue una discusión, Padre. No una decisión.”

El cura señalo a los hombres y mujeres en la sala. “Bueno, ha sido discutido aquí, y sin ninguna objeción de sus colegas.”

“Esta bien”, dijo, “Pero tengo una objeción.”

Ybarra cerró los ojos. Los abrió, luego habló. “Lo que usted tiene, Dra. Scully, es un paciente con una intratable condición. Usted solicito consulta externa, y se la dimos, y la opinión de esa experta refleja la nuestra. Es una situación triste e infortunada, nadie difiere con eso”

“Pero el es mi paciente”

“A menos que venga hoy día con una cura para la enfermedad de Shandoff, todos le pedimos respetuosamente, que deje a este niño ir en paz”

Ella sintió sonrojarse. El asintió a ella. “Gracias Dra. Scully. Me gustaría terminar con esto y volver al trabajo de hoy día, tenemos un último punto: un paciente en cuidado intensivo, del Dr. Willar, creo…”

Como Ybarra empezaba la discusión, Scully se sentó en silencio, las palabras dichas aún resonaban en sus oídos.

Finalmente, ella dijo. “Hay un tratamiento”

Scully había interrumpido a la cabeza del hospital, e Ybarra volteo a verla, asombrado por la rudeza y sin palabras por su intervención. Las otras caras mostraban su apoyo a Ybarra.

“Dra. Scully”, dijo Ybarra. “Este asunto ya esta decidido”.

“Con todo respeto, Padre. No lo esta. Esta enfermedad puede ser tratada con una terapia de células madres”

Uno de los doctores junto a Scully, una mujer quien siempre la había apoyado en el pasado, tenía una expresión acusatoria. “No expongas a un niño de esa edad a ese dolor, Dana…”

“¿Lo harías Anna, si fuera tu hijo?”

La dotora rubia no respondió.

Yabarra habló, “el no es su hijo, ni el suyo Doctora Scully. El es solo otro paciente…”

El padre se dio cuenta de su error, e iba a corregirse cuando Scully hablo: “¿Lo es Padre? ¿Solo otro paciente? Espero que no.”

“Doctora...”

“Esta no es una decisión para el administrador del hospital. Es la decisión de su doctor. Todos ustedes saben eso.”

Ella se detuvo tratando de controlar dos cosas: Su ira y su miedo. Manteniendo una perfecta postura profesional, “Si quieren cambiar eso, les sugiero que lo consulten con una autoridadmayor .”

Dios por ejemplo, pensó ella.

Pero Ybarra tuvo el mismo pensamiento, e hizo que se detuviera en la puerta al oír lo que dijo. “Ya lo he discutido con la autoridad mayor, Dra. Scully. Tal como usted debería hacerlo.”

Ella no respondió, solo dio media vuelta y se marchó. Pero en el pasillo, se estremeció por las palabras del padre.

No es que cambiaran su decisión.