Capitulo 8
Edificio J. Edgar Hoover
Washington D.C
11 de Enero
A pesar de la opacidad del hielo, aún se podían observar las distintas formas que indicaban la presencia de partes de cuerpo humano suspendidas en el gigante bloque, que tal vez en otras circunstancias, pudiera haberse considerado una grotesca pieza de arte surrealista de un elegante Salvador Dali o tal vez el extraño humor de Hieronymus Bosch.
Solo que esta surrealista escultura no se encontraba en ningún museo, si no en el laboratorio forénsico del FBI, y no era ninguna escultura, aunque si representaba el trabajo de un hombre en colaboración con la naturaleza. El obelisco de hielo estaba colgado del techo por cadenas. En estos momentos, un equipo de técnicos se encontraba en una misión de recolección de las distintas partes: una cabeza por aquí, un brazo por allá, un pie, un dorso, una mano, un muslo…
En otro lugar de la habitación, otros especialistas estudiaban las partes que ya habían sido removidas, cada una por separado. Muestras de tejidos habían sido tomadas y rotuladas con las etiquetas correspondientes. Las partes que ya habían sido procesadas, se estaban sumergiendo en alcohol glycol azul para su preservación.
Entre un mundo de batas de laboratorios y sacos y corbatas del FBI, Fox Mulder, vistiendo un sweater y jeans, tenia la apariencia de un universitario, un algo crecido alumno o tal vez un joven profesor. Después de todo, Mulder estaba en medio un mundo donde la ciencia y el surrealismo convergían, y donde además de todo un celular rehusaba ser respondido.
El estaba parado en un lugar alejado hablando al poco cooperativo aparato “contesta…contesta”
Mientras esperaba, Mulder saco de uno de sus bolsillos, una pequeña fotografía de Mónica Bannan, tratando de encontrar algún detalle que haya omitido. Pero la agradable imagen de la agente desaparecida no le decía nada. El frunció ante esto o…?
Acerco una lupa de una de las mesas cercanas, y dio una mirada. ¿Qué era eso en su muñeca?... ¿Era…una brazalete medico?
El teléfono seguía timbrando. Pronto seria derivado al buzón de voz. Scully estaba en el hospital, y tal vez estaba ocupada. O tal vez lo estaba ignorando.
¿Acaso podía estar ignorándolo?
Washington D.C
11 de Enero
A pesar de la opacidad del hielo, aún se podían observar las distintas formas que indicaban la presencia de partes de cuerpo humano suspendidas en el gigante bloque, que tal vez en otras circunstancias, pudiera haberse considerado una grotesca pieza de arte surrealista de un elegante Salvador Dali o tal vez el extraño humor de Hieronymus Bosch.
Solo que esta surrealista escultura no se encontraba en ningún museo, si no en el laboratorio forénsico del FBI, y no era ninguna escultura, aunque si representaba el trabajo de un hombre en colaboración con la naturaleza. El obelisco de hielo estaba colgado del techo por cadenas. En estos momentos, un equipo de técnicos se encontraba en una misión de recolección de las distintas partes: una cabeza por aquí, un brazo por allá, un pie, un dorso, una mano, un muslo…
En otro lugar de la habitación, otros especialistas estudiaban las partes que ya habían sido removidas, cada una por separado. Muestras de tejidos habían sido tomadas y rotuladas con las etiquetas correspondientes. Las partes que ya habían sido procesadas, se estaban sumergiendo en alcohol glycol azul para su preservación.
Entre un mundo de batas de laboratorios y sacos y corbatas del FBI, Fox Mulder, vistiendo un sweater y jeans, tenia la apariencia de un universitario, un algo crecido alumno o tal vez un joven profesor. Después de todo, Mulder estaba en medio un mundo donde la ciencia y el surrealismo convergían, y donde además de todo un celular rehusaba ser respondido.
El estaba parado en un lugar alejado hablando al poco cooperativo aparato “contesta…contesta”
Mientras esperaba, Mulder saco de uno de sus bolsillos, una pequeña fotografía de Mónica Bannan, tratando de encontrar algún detalle que haya omitido. Pero la agradable imagen de la agente desaparecida no le decía nada. El frunció ante esto o…?
Acerco una lupa de una de las mesas cercanas, y dio una mirada. ¿Qué era eso en su muñeca?... ¿Era…una brazalete medico?
El teléfono seguía timbrando. Pronto seria derivado al buzón de voz. Scully estaba en el hospital, y tal vez estaba ocupada. O tal vez lo estaba ignorando.
¿Acaso podía estar ignorándolo?
Hospital Nuestra Señora de los Lamentos
Richmond, virginia
11 de Enero
En su computadora, Dana Scully tipeaba las palabras “Terapia de células Madre”, y cuando incontables entradas aparecieron, empezó a seleccionar aquellas que le eran de mayor interés. Su celular estaba vibrando en el escritorio, timbrando, mientras ella hacia su mejor esfuerzo para no prestarle atención, aunque lo vio mas de una vez sabiendo muy bien que era Mulder.
Tenía un caso que era, para ella al menos, más importante que una agente del FBI desaparecida que seguramente estaba muerta. La cabeza encontrada en el hielo seria identificada pronto como Mónica Bannan, y el esfuerzo por reclasificar una investigación por asesinato, y el interés de Mulder, serian dejadas de lado tal como el interés del FBI en el Padre Joe tendría muy poco que ver con lo paranormal.
Ella presiono uno de los botones, y enseguida la impresora empezó a arrojar papeles, no paso mucho tiempo para que tuviera una buena cantidad de nueva información de Shandoff y enfermedades similares, opiniones en pro y contra, tratamientos, exitosos y mayormente fallidos. Tomó el insistente teléfono, pero lo dejo y volvió a prestar atención a la computadora, segura de que su trabajo estaba ahí.
Mónica Bannan no podía ser salvada.
Christian Fearon si.
Finalmente, el teléfono dejo de sonar, pero en vez de alivio, Scully sintió culpa al saber que su compañero estaba hablando en este momento a ella, o a su contestadota en todo caso.
Ella no lo escuchó decir: “Te sigo dejando mensajes, pero…esto es lo que quería decirte, Scully. La cabeza de mujer que encontramos no es de Mónica Bannan. No sabemos quien es o porque esta ahí. Pero hasta el momento hemos extraído 11 piezas y no estamos ni cerca de terminar…”
Scully dejo el aparato, y volvió a su trabajo, y de nuevo miro el teléfono. Ella no podía oír las palabras de Mulder, pero si a el. Ella podía oír su pasión, y eso le dolía.
Pero tenía mucho que hacer: Tratar de salvar a alguien que realmente podía ser salvado…






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