4 de abril de 2009

I Want To Believe: El libro - Parte XXII

El Complejo
Virginia Rural
11 de Enero


Conforme se arrodillaba en su caja de madera, Cheryl Cunningham escuchaba el sonido de la cerradura abriéndose. Sus ojos reflejaron esperanza por primera vez en horas, al escuchar al doctor hablarle en ruso.



Luego la puerta de la jaula se abrió, y una mano colocó un plato de estofado caliente en el suelo junto a ella, lo suficientemente grande para no alcanzar por la rendija donde horas antes su opresor le había lanzado Kisses’s de Hershey.



Luego cerró la puerta, pero antes que pudiera asegurarla, el doctor fue distraído por las voces que hablaban en ruso, más fuerte de lo normal. Detrás de la cortina de plástico, sombras se movían y palabras eran intercambiadas. La discusión prosiguió por algunos minutos más entre los otros dos doctores que Cheryl había visto anteriormente, el hombre y la mujer, ambos hablaban en el idioma extranjero, fuerte y gesticulando, y el hombre cerca de la jaula les prestaba toda su atención.


Pero cuando traspasaron la cortina hasta donde ellos estaban, Cheryl vio lo suficiente para estremecer a pesar de todo lo que había visto y vivido en las últimas horas: La mujer en la camilla estaba en problemas. Cheryl no había visto su cara, pero pudo ver el cuerpo de la mujer temblando, convulsionando.



Por supuesto, ella no tenía forma de saber que en ese mismo momento cierto sacerdote estaba experimentado la misma convulsión. Ella no comprendía la importancia del brazalete médico en la muñeca de la mujer, no comprendía que la mujer en la camilla era una agente del FBI desaparecida, y presumida muerta por muchos.


Pero lo que Cheryl sí sabía, era que le habían dado una oportunidad. Porque el hombre que había traído la comida, había ido tras la cortina de plástico a atender a su paciente dejando la jaula de Cheryl sin seguro.


Los perros ladraban frenéticamente por la conmoción, pero Cheryl vio ese momento como su oportunidad. Empujando la puerta de madera, empezó a gatear, luego se paró, y empezó a buscar una salida, una puerta o una ventana, lo que sea…pero todo lo que pudo ubicar fue la pequeña puerta por donde la enfermera había dejado salir a los pit bulls anteriormente.


Ella sabía que la noche estaría fría, y que solo llevaba puesta la bata de hospital, y que lo más probable es que iba a tener que correr de los perros. ¿Pero los perros estaban en sus jaulas, cierto? Y ella podía saltar cualquier cerca. Indudablemente, prefería congelarse allá afuera que morir en esta casa del terror, y con suerte tal vez podría alcanzar algún camino y llegar a casa.


Gateando, Cheryl paso por la puerta de los perros llegando hasta un pasadizo, que quedo sumido en la oscuridad al cerrarse la puerta tras de sí. Pero sus ganas de salir eran mayores. Siguió gateando, cada vez más rápido, podía sentir el aire frío, la libertad sin importar lo que costara, estaba en algún lugar al otro lado de la puerta delante de ella. La alcanzó rápidamente, y la abrió.


El aire frío la golpeó en el rostro. Sabía a Libertad.


Luego, de en medio de la oscuridad, escuchó algo correr, no era una persona, sino un animal, corriendo, olfateando, dejando sus huellas marcadas en la nieve, y antes de que ella pudiera decir que era, volvió al pasillo horrorizada.


Después, regresó a su jaula con sus captores. Ella no estaba segura de que lo que había visto eran dos pit bulls. ¿Acaso no era posible que haya visto lo que vio después de todo? ¿O es que la oscuridad de la noche y las horribles circunstancias la estaban volviendo loca?


¿O es que realmente había visto a un pit bull con dos cabezas?